Hay cosas que internet ha cambiado para siempre.

Hoy podemos conectarnos a un ordenador a cientos de kilómetros, resolver una incidencia sin levantarnos de la silla y hacer una reunión con una empresa que está en la otra punta del mundo.

Y eso es fantástico.

Pero después de muchos años desarrollando software para empresas hemos aprendido otra cosa:

la distancia sigue importando.

Hilvania está hecho en Mallorca.

No porque nos guste poner una etiqueta de producto local —que también nos hace ilusión—, sino porque buena parte de su historia se ha escrito aquí, cerca de las empresas que lo utilizan.

Clientes que un día nos han dicho:

«Esto lo hago veinte veces cada mañana. ¿No podríamos hacerlo con un clic?»

Otros que nos han enseñado una manera de trabajar que nosotros no habíamos previsto.

Y problemas que sobre el papel parecían pequeños pero que, cuando ves a una persona repetirlos cada día delante de un ordenador, dejan de ser pequeños.

Muchas de las cosas que hoy hace Hilvania no nacieron en una reunión de producto.

Nacieron así.

Escuchando.

No tenemos un departamento de desarrollo a 1.000 kilómetros

Cuando una empresa compra software, normalmente piensa en las funcionalidades.

Facturación. Contabilidad. Stock. Tesorería. Informes.

Pero hay una pregunta que pocas veces hacemos antes de comprarlo:

¿Quién hay detrás de este programa cuando necesito algo?

En nuestro caso, la respuesta es bastante sencilla.

La gente que te atiende está en contacto directo con la gente que desarrolla Hilvania.

No hay una cadena de comercial → distribuidor → soporte → fabricante hasta que aquello que has explicado llega a alguien que realmente puede modificar el programa.

A veces es mucho más corto:

«Esto que pides tiene sentido. Lo miramos.»

Y puede acabar en el código.

Cogemos el coche

La mayoría de incidencias podemos resolverlas remotamente.

Y mejor así.

Pero hay problemas que necesitan otra cosa.

A veces necesitas sentarte al lado de la persona que hace el trabajo, ver cómo utiliza el programa y entender por qué aquello que técnicamente parece perfecto, en su día a día no lo es.

Si esto le pasa a un cliente de Mallorca, tenemos una ventaja bastante sofisticada tecnológicamente:

cogemos el coche.

No tenemos que esperar a que venga un técnico de la península.

No tenemos que coger un avión.

Y, sobre todo, no tenemos que coger un barco.

Estamos aquí.

Estar cerca no significa solo llegar antes

Pero la proximidad física es, probablemente, la parte menos importante.

La verdadera diferencia es otra:

conocemos a nuestros clientes.

Sabemos que detrás de una factura no hay simplemente un registro dentro de una base de datos. Hay una administrativa que hará cincuenta hoy.

Sabemos que tres clics de más no parecen importantes hasta que los multiplicas por cincuenta facturas, cinco días a la semana y once meses al año.

Y sabemos que una funcionalidad espectacular que nadie entiende puede ser mucho peor que un botón sencillo que hace exactamente lo que necesitas.

Esta manera de ver el software ha ido definiendo Hilvania con los años.

No queremos poner más cosas dentro del programa.

Queremos quitar trabajo a quien lo utiliza.

Nuestros clientes también desarrollan Hilvania

No literalmente, evidentemente.

No les dejamos tocar el código.

Pero muchas decisiones de producto han empezado delante de un cliente.

Una necesidad real.

Una pregunta.

Algo que siempre se había hecho de una determinada manera y que alguien un día cuestiona.

Por eso tener al desarrollador cerca no significa solo que pueda venir cuando hay un problema.

Significa algo que para nosotros es mucho más interesante:

el problema que le explicas puede acabar convertido en una mejora del programa.

Y cuando esa mejora resuelve un problema que también tienen otras empresas, deja de ser la necesidad de un cliente.

Pasa a formar parte de Hilvania.

Hecho en Mallorca no significa hecho solo para Mallorca

Hilvania ha nacido y sigue desarrollándose aquí.

Pero un ERP no necesita ver el mar para funcionar.

La tecnología nos permite dar servicio mucho más lejos y queremos que Hilvania pueda crecer sin que la geografía sea una frontera.

Precisamente por eso nos gusta decir que está hecho en Mallorca.

Porque explica de dónde venimos.

Explica una manera de trabajar.

Y nos recuerda que, aunque el software pueda llegar a cualquier sitio, no queremos perder la proximidad con las personas que lo utilizan.


Hecho en Mallorca.

Pensado para llegar mucho más lejos.